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Kauneus (la belleza)

Intermezzo Tropical, Lima, 2021

Los poemas de Kauneus “la belleza”, recorren un mundo de aeropuertos, callejones y bosques espectrales. Estambul, Kiev y Ramala, pasan volando, Lima y Helsinki se desdoblan llenos de enigmas. En su recorrido, la voz forcejea con y contra la belleza, ese canon que proscribe rostros. De la mano de la autora, navegamos en pos de un vínculo auténtico con nuestra propia imagen. Las tribulaciones de la infancia limeña, los recovecos del Báltico y del Mediterráneo se encarnan en un tono terrenal y emotivo, heredero de las voces que han hecho de Sudamérica el epicentro de la poesía en español. En este nuevo libro, Roxana Crisólogo pone bajo los reflectores un rostro universal que la belleza, ese fantasma judicial, quería dejar fuera de la foto.

José Luis Rico

Trenes (reedición)

Trenes está en el catálogo de la Biblioteca Mario Vargas Llosa.
Puedes leer el libro aquí.

Ediciones Libros del Cardo, Chile 2019 / Segunda Edición


el lila de los campos de bayas

el paisaje que se estrella en la ventana del tren
como la paloma que un niño quisiera seguir
pero apedrea
entonces como Tatiana
me apuraba a borrarme las ojeras

        el sol
de los campos de bayas
y como Tatiana me preguntaba 
y como a Tatiana le preguntaban
qué hacer
para evitar el control
cómo hacer con la visa
cómo deshacerme de esta sonrisa

   – el vino tinto
                         de estas sombras –

       el paisaje 
que se estrella en la ventana del tren
     la piel jabonosa del río
            que desciende
      y se pregunta
   ¿qué diablos hace esta muchacha

hablando desde las manos
explicándose desde los pies?
expulsada al tiempo perverso de los árboles

Eisbrecher


hochroth Verlag

Roxana Crisólogo
Eisbrecher
Aus dem peruanischen Spanisch von Rike Bolte
Illustriert von Carlos Capella
Layout, Typographische Nachdichtung und Satz: Tabea Mau

hochroth Berlin 2017
ISBN 978-3-903182-05-9
42 Seiten, Broschur

«Taunetze sind Grenzen

Die Gedichte der peruanisch-finnischen Lyrikerin Roxana Crisólogo sind „Schlingpflanzen“, die „den unumkehrbaren Gang des Rauchs erdrosseln“. Sie bahnen sich ihren Weg, hinterlassen Stränge, die zu den Wurzeln führen, durchdringen Grenzen, ziehen sich und die sie umgebende Welt zusammen und lassen doch an anderer Stelle Nebenwege zu, die luftig sind, die Nischen entstehen lassen».
More: VITABU VINGI

Trenes

El Billar de Lucrecia, México 2010/ Primera edición



te imagino vendiendo chucherías

contándole a la gente lo lindo

lo maravilloso que es vivir en el Perú

vendiendo en un idioma que no existe

un país que tampoco existe

puedo ver a mi hermana vendiendo

en un pueblo de nombre impronunciable

compitiendo con turcos alegres

hábiles vendedores de baratijas

entre alfombras y sedas

la estudiante de cabello largo

la muchacha pobre de San Juan de Miraflores

(cerca de lo que algún día con suerte 

llegará a ser un tren)

vendiendo como quien se vende a sí misma 

como quien recupera una parte

de su orgullo perdido 

exigiendo el precio más alto

     dientes blancos  

que llamará collar de piraña y ella luce

con verdadera dignidad  

piel marrón de huaco

que conseguirá admiren

mirada de bronce como la de los embrutecidos

en las minas

manos enrojecidas por el trabajo negro

tú les dirás que es su color natural

Ludy D

Ediciones Flora Tristán, Lima 2006



me separo de mi hija sin mala conciencia

la oscuridad no se detiene 

hace lo que una bola de grasa

en un paisaje empantanado de ojos

yo terminaría esta novela

con una frase de bolaño

pero no es chile    se trata del perú

y eso puede tomar tiempo

y el desierto no termina

y mi hija sabe que su madre 

andaextraviada 

en alguna carretera

de innavegados cactus

y me perdona

y levanta sus alas

las palomas arañan los edificios más altos

una antena con dedos de mujer 

sostiene un monumento arcano a la sed

todos van colgados a una sed que no termina 

como a un prójimo

el anuncio comercial 

que me acuesta desnuda 

        sobre un botellar de cervezas

y me expulsa del paraíso

nadie sabe que desde ahí domino el mundo

del agua

desde mi triste traje de baño cantonés

siento frío y hambre 

las jarcias son fronterasque difícilmente

me separarán del muelle

un lenguaje   una obsesión    que no termina

Animal del camino

Ediciones El Santo Oficio, Lima, 2000



El tiempo verde botella

se hace trizas en las ventanas occidentales 

la cascada intensa y el laser del viento benigno 

en guantes blancos 

dirige la música en un trotar arrítmico 

de ratas mentales    

                   Camino a los vendedores de baratijas 

                   en el mercado de frutas 

soñar es intenso como un golpe en el corazón  

pero no es ésta la ciudad que se desata las trenzas 

ni el corcho que mastico insistentemente 

sabe al más grato sabor de la niñez 

miro al alto y espigado amarillo 

como no será nunca el sol en Lima 

los chicos en sus bicicletas acarameladas cual globos 

volando contra el viento   

¿volaré yo también contra el viento

detrás de una idea que se desvanece iridiscente 

en el diente de un jabalí?   

Se hacen agua los helados   las espaldas padecen 

arrasadas por jardineros inescrupulosos  

la idea es una pelota que se traga el polvo 

en el centro efímero de una plaza 

y yace el torero despanzurrado en su soledad    

los aplausos aturden y litros 

de incomprensiones que en la cara de una mesera 

                                                                              explotan   

    Como yo   ella es pálida 

y le vienen bien los colores chillones 

el flequillo horizontal por donde acuciosos rayos equis   

                                                                                 los turcos 

entran trepando mayólicas como mentes en blanco

 
También puedo ser yo misma   en la tubería

donde confluye lo que a medias se acepta y embolsa 

y envía de mano en mano para hacer las cordiales pases

   cada uno sin querer bordea su propio agujero

las veces que irreconciliable 

un vendedor casa por casa toca 

          la rebosada puerta

el panal de moscas zancudas

la turbulencia          la opacidad

la ciudad hecha de señales ajenas 

   ajena a su propia dirección

Abajo sobre el cielo (Ediciones Nido de cuervos, Lima, 1999) está disponible para su lectura, de manera gratuita en la
Biblioteca Mario Vargas Llosa de la Casa de la literatura peruana




El Agustino

lo que yo llamo cielo y es tierra
y todas las noches ocupa un espacio distinto al de los cielos
y se extiende sobre un paño de noche elegante
y vive como las fogatas de los castillos conquistados 
                                                                            allá arriba

y deja escapar anillos de luz    simples bocanadas de gente
innumerables  miles    no podría contar cuántas veces
me perdí en el cielo    yo que creí que pisaba tierra
empecé a enumerar sus escalones desvanecidos
con tanta facilidad por la gente que al pisarlos
los duplica los triplica y pienso que es la velocidad
-alucinaciones de estómago vacío-    de trabajo
mecánico y a tiempo completo    sin vacaciones
con vacaciones              -sin goce de haber- 
o sólo el caos en un mundo que no es
cielo ni tierra   entre tierra y cielo    cielo y tierra
hay un lugar común de seres indiferenciables que bien
                                                                                           observo

con este cucurucho que quiere  -intenta- ser mi único
microscopio o mirador oficial sin asomarme a la ventana
del  micro aunque la gente grite    Me ordene
cordura   razón    para no mirar    nuevamente
                                                                             verme
indefenso en un mundo que no podría domeñar solo

                                                   Ese día casi toqué el cielo
porque su olor a tierra sudada o lo que sea se impregnó 
en mi chompa en mis cabellos quedó un poco del polvo abigarrado 
de su alimento   mi lengua también saboreó 
la acidez segura de sus suburbios celestes    y no dejé 
de parpadear cuando quise contar cada lucecita suya 
en la inmensidad -ya me estaban tragando-

                                                            Si no fuera por estos golpes
torpes ininterrumpidos de chofer por esa voz ronca de vaso vacío 
(solo) que desde arriba me recordó que simplemente estaba 
                                                                                                  abajo